13. La exportación indirecta
En ella el fabricante o propietario de los bienes no realiza la exportación a su propio riesgo, sino que ha transferido la propiedad de la mercancía dentro del mercado interior a una empresa, que realiza por su cuenta y riesgo la exportación con los precios y condiciones que ella misma determina.
En esta opción, el productor se desentiende de todo el proceso de transporte, relación con el cliente extranjero y del cobro. En ese sentido puede considerarse como una operación de mercado interior.
Tiene una ventaja clara, y es conocer indirectamente la adecuación progresiva del producto al mercado objetivo, tanto en la forma de oferta necesaria, como en los elementos de protección, formas de envío, etc., por otro lado, reduce el riesgo de crédito a un único comprador cercano, y dentro del mercado origen, ya que es en definitiva el cliente de la operación.
Ciertamente presenta el inconveniente del desconocimiento completo del cliente final, de la mecánica comercial y del precio de la operación. Como es lógico, el margen comercial sufre en consecuencia ya que una buena parte del mismo será obtenido por el que en definitiva realiza la exportación.
Dicho así, podría parecer que la exportación indirecta nunca es recomendable. Sin embargo, hay muchas circunstancias en las que este sistema puede resultar conveniente. Veamos algunos ejemplos:
En algunos casos puede ser una opción muy conveniente, que permite al productor centrarse en los aspectos técnicos y productivos, sin diversificar sus esfuerzos en el área comercial. En otros casos, pueden llegar a ser inevitable.